El matadero. Esteban Echeverría
1. Biografía del autor.

Esteban Echeverría nació en la, por entonces, virreinal ciudad de Buenos Aires en 1805. Queda huérfano de padre muy pronto. Inició sus estudios universitarios en 1822 y parte hacia Francia en 1825. Allí toma contacto con las obras de Shakespeare, Byron, Goethe y Schiller. Tanto el socialismo como el movimiento romántico le influyen notablemente y motivan Elvira o la novia del Plata (1832). Las rimas (1837) contiene ‘La cautiva’ un poema caracterizado por las nuevas formas poéticas que despertó el entusiasmo de los jóvenes de la época. La obra más importante del autor es El matadero (1838), un libro en prosa de estilo incisivo y realista que encierra una dureza pocas veces vista en la Literatura Hispanoamericana hasta entonces. Esteban Echeverría fue desterrado por sus ideas políticas y falleció en Montevideo en 1851. Otras obras del autor son: Los consuelos (1834), Dogma socialista (1837) o La guitarra (1842).


2. Contexto literario de la obra.

Esteban Echeverría es una de las figuras más importantes de toda la Literatura Hispanoamericana. En el siglo XIX, América posee todavía una sociedad feudal. A partir de 1801, la esclavitud es abolida paulatinamente y durante la primera mitad de siglo la guerras civiles asolan el continente. Los escritores románticos luchan contra los tiranos que acceden al poder en muchos países y Argentina es el país que más y mejor asume los preceptos románticos. Esteban Echeverría pertenece al denominado grupo de ‘Los proscritos’ (opositores al régimen de Rosas) y en el que también estaban otros como José Mármol o Ascasubi. En el plano estético domina lo subjetivo, la realidad dominada por la propia percepción del artista. El escritor describe el mundo con un lenguaje muy expresivo. La obra que ahora nos ocupa, El matadero (1838) se sitúa justamente en el momento en el que muere la esposa del dictador Rosas y se crea un escenario simbólico que refleja el mundo marginal producto de la política de Rosas. Esta oposición al dictador le llevará al destierro.



3. Comentario de la obra.

Esta obra en tres actos ha sido calificada de tragedia griega y es protagonizada por unos actores y un coro. Aparentemente no se aprecia una crítica al dictador Rosas, el denominado restaurador de las leyes (término que, para el autor, posee una fuerte analogía con las restauraciones monárquicas europeas), sin embargo, si analizamos detenidamente la obra, la crítica es feroz y no carente de ironía. La historia transcurre en los suburbios de Buenos Aires, en un ambiente fronterizo entre la ciudad y el campo, entre la civilización y la barbarie. Leonor Fleming define muy bien cómo eran las ciudades de la época: ‘el refinamiento afrancesado [...] en el que se confundía cierto esnobismo con los más auténticos ideales liberales y patrióticos, se aislaba en las casas señoriales del centro de la ciudad, pero hasta sus mismas puertas llegaban el barro, la tierra y los olores bastos de la campaña’. En efecto, alejándose de lo que era común en las obras de la época, el autor ha optado por encuadrar su relato en un espacio completamente degradado que, además, se encuentra en unas condiciones lamentables tras las inclemencias climatológicas que ha sufrido la zona. Este diluvio ha sido visto por la crítica como un símbolo de la decadencia moral que sufría la sociedad argentina.

 

La obra comienza con un alegato contra el legado español, un legado que ha de ser destruido para que las ideas que ha de traer la independencia puedan convertirse en una realidad. Además, presenta la obra, no como una ficción, sino como un retazo de la historia otorgándole un carácter de verdad que es importante para llevar la intención del autor a los lectores con la suficiente fuerza narrativa y, al mismo tiempo, reforzar el carácter político del relato. Esta intención queda reforzada aún más en los últimos compases de la obra con unas palabras durísimas -como toda la narración- que terminan de agriar el humor del lector ante las atrocidades que han sido narradas por Echeverría.

 

Dos son los personajes que hemos de analizar en la obra. Por un lado, Matasiete ‘degollador de unitarios’, hombre visceral de pocas palabras y mucha acción. Opuesto a él encontramos al unitario, un personaje romántico que persigue un ideal. Es importante el apunte que hace Leonor Fleming con respecto a este personaje: para el lector actual no es un personaje simpático puesto que su orgullo le lleva a una sobreactuación difícilmente admisible. No era ésta la intención de un Echeverría que había trasladado sus obsesiones a este personaje y se identifica con él. El resto de personajes (incluido el juez) no suponen más que un decorado que acompaña a la acción.

 

La narración, que posee unos comienzos algo difusos, va centrándose poco a poco en los terribles acontecimientos con los que desea ejemplificar y transmitir su visión del mundo Esteban Echeverría. El matadero , junto con Sin rumbo, de Eugenio Cambaceres, es una de las obras más duras de este periodo que se pueden leer. Ambas resultan sorprendentes para el lector, un lector que no podrá apreciar ningún vestigio romántico en El matadero, puesto que la obra finaliza sin que los problemas se hayan solucionado en absoluto. La barbarie continúa.

 

Miguel Ángel García Guerra para Portal Solidario