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 Adicciones/Inf. Sustancias 

  Anfetaminas.  


Introducción

Son los fármacos estimulantes, del sistema nervioso central, más utilizados.

Su acción estimulante del sistema nervioso central se manifiesta por un aumento temporal de la capacidad de concentración con disminución de las sensaciones de fatiga, sueño y hambre.

Una vez pasado su efecto aparece cansancio y depresión, ya que las energías extras que prestan estos estimulantes se obtienen a costa de las reservas del organismo.


Reseña histórica

Son fármacos relativamente recientes, ya que su precursora, la efedrina, fue aislada en Pekín en 1926, si bien la planta de la que procede, la Catha Edulis, ya había sido utilizada desde antiguo en el tratamiento del asma y a partir del descubrimiento de la efedrina se inicio la aplicación terapéutica en determinadas enfermedades del sistema nervioso central.

Esta droga ha sido experimentada por sus propiedades para disminuir la fatiga, el sueño y aumentar la actividad psíquica y física.

Después de la guerra empiezan a utilizarse por la población civil aunque su uso queda limitado tras algunas campañas de sensibilización y promulgación de leyes reguladoras.

A partir de los años 60 la publicidad pone de nuevo en auge el consumo de estas sustancias gracias a sus propiedades inhibidoras del apetito que permitían mantener una figura de acuerdo con los cánones de belleza de esa época.

Desde entonces estas sustancias han seguido utilizándose, debido a sus propiedades estimulantes, sobre todo por determinadas profesiones: estudiantes, ejecutivos, conductores profesionales, etc.

Entre la juventud, estas sustancias tuvieron una fuerte difusión, en esta misma época, aprovechando su efecto estimulante como favorecedor de la relación entre ellos.


Efectos

Las manifestaciones clínicas dependerán de la estimulación difusa del sistema nervioso central y periférico.

Los órganos diana son el sistema nervioso central y cardiovascular, principalmente.

Produce sensación gratificante al proporcionar locuacidad, hiperagudeza mental, elimina la sensación de cansancio y sueño, aumenta la actividad, la comunicación y la seguridad en sí mismo.

La dosis tóxica de anfetamina varía ampliamente. Las manifestaciones tóxicas se producen a veces como idiosincrasia después de ingerir sólo 2 mg., pero son raras con dosis menores de 15 mg.

La intoxicación leve produce

- Elevación discreta de la presión arterial, pulso y temperatura.
- Cefalea.
- Hiperreflexia.
- Náuseas y vómitos.
- Midriasis.
- Palidez.
- Diaforesis.
- Temblor y sacudidas.
- Agitación, ansiedad, euforia y conducta estereotipada.

La intoxicación moderada produce

- Hipertensión.
- Taquipnea.
- Disnea.
- Taquicardia.
- Hipertermia.
- Sudoración profusa.
- Trastornos metabólicos.
- Confusión, alucinaciones táctiles que pueden conducir a la autoexcoriación.
- Delirios paranoides que simulan la esquizofrenia.
- Hiperactividad marcada.
- Aumento del tono muscular y de los reflejos tendinosos.
- Calambres musculares.
- Convulsiones generalizadas seguidas de depresión del sistema nervioso central.

La intoxicación severa produce

- Palidez.
- Hipertensión.
- Taquicardia (o bradicardia e hipotensión preterminal).
- Arritmias ventriculares.
- Paro cardiaco.
- Apnea.
- Cianosis.
- Edema agudo de pulmón.
- Hipertermia maligna.
- Coma.
- Parálisis flácida con pérdida de reflejos.
- Estatus epiléptico.
- Muerte (la muerte se produce por accidentes cerebrovasculares, cardíacos o hipertermia).

Dependencia y tolerancia

En cuanto a la intoxicación crónica estas sustancias producen tolerancia y dependencia psicológica pero no producen dependencia física. Es por ello por lo que, cuando se suprimen bruscamente, la sintomatología que aparece en el paciente es de tipo psíquico, fundamentalmente depresivo, por el cese brusco de la estimulación.

Asimismo se han descrito cuadros de psicosis paranoide en consumidores crónicos de altas dosis de anfetaminas.


Tratamiento

La mayoría de las intoxicaciones por anfetaminas no revisten gravedad y el tratamiento es sintomático, manteniendo al paciente en un ambiente tranquilo, evitando en lo posible todo tipo de estimulación sensorial y precisando en ocasiones la administración de una benzodiacepina.

En las formas más graves, debe valorarse la situación clínica del paciente, iniciándose mediadas de reanimación y soporte en los casos necesarios, para después aplicar las medidas terapéuticas más concretas.

El paciente deberá monitorizarse y dispondrá de un acceso venoso.

El lavado con carbón activado esta indicado si la ingesta oral del tóxico ha sido reciente.

La provocación de vómito está contraindicada, dado el riesgo de convulsiones y posible broncoaspiración.

La acidificación de la orina aumenta la eliminación renal de la anfetamina, aunque no se recomienda ya que puede favorecer la aparición de acidosis metabólica y precipitar un fracaso renal en paciente con mioglobinuria, hallazgo común en las intoxicaciones graves.

A diferencia de los opiáceos y benzodiacepinas, la anfetamina carece de antídoto específico y el tratamiento de los trastornos asociados es sintomático.

El control inmediato de las arritmias cardíacas y las convulsiones es prioritario.

Se deben corregir los trastornos cardiocirculatorios, la hipertermia, los trastornos hidroelectrolíticos y metabólicos, así como la agitación psicomotriz.





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