Biografía insólita - Cleo de Mérode, la bailarina más deseada

Su verdadero nombre era Cleopatra Diana de Mérode, y pertenecía a una familia aristocrática austriaca de rancio abolengo.
 Nació en París en 1875, y fue una ciudad que lo significó todo para ella. Allí vivió casi toda su vida dedicada a lo que más le gustaba, que era la danza. Igualmente es la ciudad donde terminó sus días, casi un siglo después. 
 Cuando aún era muy niña sus padres se separaron, y Cleo fue a vivir con su madre a París. Aquí estudió al mismo tiempo que se preparaba para la danza, llegando a ser una mujer muy culta y refinada.
Su primera actuación fue en una ópera, de figurante, cuando solamente contaba ocho años de edad.
 Posteriormente, cuando ya desarrollaba su trabajo como bailarina, trabajó en locales menos refinados, lo que contribuyó a que fueran creídas las mentiras vertidas contra ella.
 Toda su vida estuvo perseguida por los rumores y las maledicencias, ya que se movía en un ambiente donde lo normal es que las mujeres fueran cariñosas y receptivas a los gestos de sus acompañantes, aunque ella no fue así. Siempre se la ha considerado dentro del ámbito de las cortesanas de lujo, más ella no accedía a los intentos de devaneo de los personajes importantes que pulularon a su alrededor.
  El personaje que más se asocia a Cleo es  Leopoldo II, rey de Bélgica. Desde luego él estaba  enormemente interesado en ella, pero según las memorias de la bailarina, ella no aceptó sus requerimientos. Igualmente cuenta que se interesó por ella el Marajah de Kapurtala.
 Este interés que despertaba en los hombres es comprensible, pues era terriblemente atractiva: rostro delicado y bellísimo, grandes ojos profundos y penetrantes, cintura de avispa, cuello de cisne y una hermosa y larga cabellera de color negro que llevaba siempre peinada  de la misma forma, en bandós (con raya en medio y recogida en un moño bajo, tapando  con la onda del cabello ambas orejas).
 Dentro de la leyenda negra que la acompañó, se decía que llevaba ese peinado para ocultar que tenía cortadas las orejas, por una supuesta infidelidad al rey Leopoldo (cuando realmente no llegó a estar relacionada con él). Por supuesto que no tenía las orejas cortadas, simplemente le gustaba peinarse de aquella manera y resultaba bastante favorecida.
 Otro escándalo se desató al aparecer una supuesta escultura suya, totalmente desnuda. Ella siempre afirmó que solamente posó para el rostro, y que el escultor le añadió  su retrato al cuerpo desnudo de otra modelo.
 Cleo cuenta en sus memorias que solamente tuvo dos amores: el primero un conde que murió joven; y el segundo un embajador español en París, que no supo serle fiel y al que, por ese motivo, ella abandonó.
 Con el paso del tiempo se fueron haciendo más serios los espectáculos en los que actuaba. Cuando llegó su vejez dejó de aparecer en público, queriendo envejecer en completo anonimato. Tuvo una vida muy longeva, muriendo con 91 años, en 1966.