Biografía insólita - Apicio, el mayor groumet de la historia.

Marco Gavio Apicio era el nombre más completo de nuestro personaje, un hombre completamente obsesionado por el arte y el placer de la cocina, hasta el punto de usarse todavía la expresión “al arte de Apicio” para referirnos a la alta cocina. Apicio vivió en el Imperio Romano durante el siglo I d.d.C. Su posición de rico patricio terrateniente le permitió obtener a la muerte de sus padres la nada despreciable suma de 100 millones de sestercios, que calculando , pueden ser unos 1000 millones de pesetas antiguas y unos 6 millones de euros de hoy en día.

Con semejante fortuna, nuestro personaje se dispuso a disfrutar de la vida y su forma de hacerlo fue dedicándose en cuerpo y alma a su gran pasión: la comida. Para ello no escatimó en gastos, se rodeó de cocineros, artesanos, productores, ganaderos, bodegueros, etc, un sinfín de proveedores que le buscaban los mejores artículos, pensados para los paladares más exquisitos. Su deseo de experimentar todos los placeres de la mesa le llevaron a extender sus redes hasta los límites del mundo conocido, buscando nuevos alimentos en los lugares más inverosímiles. Así fue famosa en su época el banquete que ofreció a sus invitados cuyos platos principales eran miles de lenguas de flamenco rosa e igual número de sesos de ruiseñor.

Su estrambótico modo de vida ha llegado hasta nuestros días gracias a 2 hechos. Por un lado un libro de cocina o recetario, mandado hacer por él mismo y que constituye el más antiguo libro de cocina conservado casi en su totalidad. Su título: “De re culinaria de Apicio”, significa aproximadamente : “sobre el arte de la cocina de Apicio”. En él se encuentran refundidas las recetas originales y las añadidas o suprimidas en copias posteriores. Así hubo recetas que se perdieron por ser “excesivamente sofisticadas”, sobre todo cuando en su elaboración se nombraban especies o ingredientes desconocidos en la Europa del Medioevo.

Entre las recetas conservadas figuran un original “pastel de rosas” o un no tan apetecible “ vulvas de cerda rellenas” o el siempre apestoso pero ¿delicioso? “Garum.”

Otra fuente de conocimiento sobre nuestro personaje son los comentarios que surgieron a raíz de su muerte. En efecto los mayores historiadores romanos dejaron escrita la curiosa forma de morir de este hombre obsesionado por la buena mesa.

Se afirma que se suicidó al saber que su enorme fortuna se había reducido considerablemente. La simple posibilidad de tener que reducir su lujosísimo tren de vida, se le hizo insoportable y prefirió ingerir una copa de venero.

Aunque pueda parecer un argumento a tener en cuenta, no hay que olvidar que a su muerte, su fortuna todavía ascendía a unos 10 millones de sestercios¡¡¡. Aproximadamente unos 100 millones de pesetas y unos 600.000 euros de ahora.

¡Vamos, quien se suicida ahora por 600.000 euros?¡¡¡¡¡¡¡.