Biografía insólita - Lucrecia Borgia: ¿ángel o demonio?.

Lucrecia Borgia es una de las mujeres más calumniadas de la Historia. La culpa de ello la tiene tanto su extraña familia, como la imaginación del famoso dramaturgo francés: Víctor Hugo, que la representó en una obra suya como viciosa, despiadada y maestra en venenos.

Lucrecia pertenecía a la influyente familia Borgia, de origen valenciano, cuyo miembro más destacado fue sin duda el Papa Alejandro VI, también conocido como “El Papa Borgia”.

En efecto, el Papa tenía no una hija, sino siete u ocho en total, todos ellos reconocidos y encumbrados a los puestos más altos de la sociedad. Este nepotismo fue causa de muchas críticas, por supuesto de aquellos a los que no llegaba el “favor Papal”.

Lucrecia nació en el año 1480, cuando su padre era solo cardenal,  pero ya desde pequeña se la dio una esmerada educación, poco frecuente en las mujeres de la época, excepto en las de clase social más alta. Cuando su padre alcanzó el pontificado, Lucrecia entró de lleno en la política matrimonial de la familia. Su casamiento podía suponer una alianza con las poderosas familias italianas de la época.

Así, como era habitual, fue prometida en matrimonio según los intereses de la familia, pero como la situación política era muy cambiante, su mano fue cambiando de prometido varias veces. Lucrecia se dejaba conducir por los cabeza de familia, su padre y su hermano Cesar. La conducta amoral y maquiavélica de este último fue lo que llevó la desgracia y el deshonor a la vida de su hermana.

Cuando por fin es entregada en matrimonio, su esposo cometió el grave error de no cumplir los acuerdos matrimoniales, por lo que se convirtió en un molesto pariente, que pronto sería eliminado por los sicarios de su hermano. Lucrecia, que estaba enamorada de su esposo, le defendió cuanto pudo y trató de impedirlo, pero ella también fue engañada. Prueba de ello es su retiro a un monasterio durante el periodo de luto, lugar del que fue prácticamente arrancada con falsas promesas por su padre, el cual la volvía a necesitar para casarla de nuevo.

Lucrecia, sumisa, aceptó las gestiones de su padre para establecer un nuevo casamiento, aunque estas se realizaban de manera sórdida e interesada. Parecía que solo fuera una mercancía. Esto no prueba que su padre no la quisiera, de hecho es muy posible que todo lo hiciera “por su bien”. Visto en la perspectiva actual nos parece aberrante, pero en el siglo XVI,  los matrimonios planeados e interesados eran la mayoría entre las clases altas.

Por fin el matrimonio se fija con la familia d’Este, en Ferrara, donde Lucrecia pasaría el resto de su vida como fiel y amante esposa y madre. Su gran cultura le hizo sentirse muy cómoda entre su nueva familia, una de las más importantes mecenas del Renacimiento.

Aguantó las continuas infidelidades de su marido y soportó con temple la muerte de su padre y su hermano, que causaron la caída en desgracia de su familia, salvo ella, que logró permanecer como duquesa de Ferrara.

Por desgracia, murió a la temprana edad de 39 años por sobreparto. Era el año 1519.

Como vemos, nada hay en su biografía que confirme la mala fama que tiene su nombre.