Biografía insólita - Maria Luisa de Orleáns, la reina vientre.

Maria Luisa de Orleáns tenía una misión imposible que cumplir: debía traer al mundo a un hijo (a ser posible varón), de su matrimonio con uno de los seres más débiles y enfermos que han ocupado la corona de España: Carlos II, alias “el hechizado”.

Maria Luisa nació en la corte francesa de Versalles, en el año 1662 y era sobrina del todopoderoso Luis XIV. Se cuenta que cuando le comunicaron que iba a ser reina de España, le dio un ataque de nervios, llorando y suplicando¡¡.

Y lo cierto es no andaba la pobre desencaminada; la corte de Madrid era de todo menos un lugar deseable y acogedor. En su estado más lamenetable, la dinastía de los Austris Españoles, había tocado fondo en la figura de Carlos II, el futuro esposo de María Luisa. Además, la corte era un nido de conspiradores, fanáticos religiosos y personas aprovechadas que querían roer los últimos restos de un antiguo esplendor.

Así, la boda tuvo lugar en el año 1679, y curiosamente, los novios se dedicaron bien pronto a la tarea que les había sido encomendada: tener descendencia.

El rey Carlos estaba encantado con su novia, de hecho, Maria Luisa era considerada como una de las princesas más bellas de su tiempo. Ella a su vez, se resignaría y a pesar del horrible aspecto físico de su esposo, intentó con gran paciencia tener el tan esperado hijo.

Sin embargo el hijo no llegaba, barajándose para ello muchas posibles causas: la impotencia del rey,  eyaculación precoz o  esterilidad. Con el tiempo, se empezó a pensar que podía ser a causa de la propia Maria Luisa, a la que comenzaron a imponer severos regímenes de alimentación y rígidas normas de conducta, con tal de favorecer el embarazo. Entre estas prohibiciones estaba el montar a caballo o acudir a fiestas, ambas ocupaciones favoritas de Maria Luisa, que veía así cambiar drásticamente su modo de vida.
Comenzaron a realizar rogativas a todos los santos para que diera a luz, todas evidentemente sin éxito. Tanto la agobiaban, que ella se llegó a preguntar si en efecto el tener un hijo dependía de las rogativas.

El pueblo, cruel y despiadado, la hizo objeto de sus burlas, por no engendrar y por ser francesa, dos crímenes terribles en aquel momento. Así no era de extrañar  la profunda melancolía de la reina, que se consideraba un vientre inútil y estéril.

Para consolarla solo tenía a su marido, Carlos, que la quiso de verdad y la apoyó en todo lo que pudo. Por desgracia, en el año 1689, María enfermó del estómago, posiblemente a causa de una intoxicación alimentaria, comunes en aquella época. Ella creyó que le habían envenenado, tal era el ambiente irrespirable de la corte, ya que debido a su incapacidad para procrear, no era más que un estorbo del que el rey nunca se desharía. A los pocos días murió.

El pueblo y los cortesanos lo celebraron, el rey quedó mudo y triste.

A los 10 días ya había establecido un nuevo matrimonio, también estéril, como el primero, probando así lo injusto de las acusaciones que sufrió en vida Maria Luisa.

Cuando Carlos estaba a punto de morir, una de sus últimas peticiones fue ver el cuerpo de su amada esposa, llorando sobre su cadáver corrompido, la tristeza de su propia existencia.