Biografía insólita - Tseu Hi, emperatriz de China.

Emperatriz de uno de los imperios más grandes de la tierra, tuvo que enfrentarse a grandes cambios que modificaron para siempre China y su historia. Su falta de adaptación provocó numerosas muertes y preparó el terreno para cambios todavía mayores.

Su verdadero nombre era Ye-Ho-Nala, y nació en el año 1835, hija de unos campesinos sin estudios. Fue elegida como concubina del emperador de la China al que consiguió dar un hijo varón, motivo por el que pasó a ser esposa del mismo, teniendo una influencia enorme sobre las decisiones de estado. Cambio así su nombre por el de Tseu Hi, dedicándose a estudiar la cultura China, como medio de oponerse a la creciente presencia extranjera en el país.

Tradicionalmente China ha preferido mantenerse aislada, sin importarle lo que sucedía fuera de sus fronteras, sin embargo, en el siglo XIX, fueron las potencias europeas las que se fijaron en ella y decidieron acudir allí para obtener todo  el beneficio que les fuera posible.

El pueblo chino no les veía con buenos ojos, ya que su artesanía no podía competir con las manufacturas europeas. Este odio fue creciendo, alentado por el gobierno, que consideraba su presencia  una ingerencia inadmisible.

 Tseu Hi consiguió hacerse con la regencia cuando murió su esposo, convirtiéndose en emperatriz, apoyando desde su cargo la actitud hostil hacia los extranjeros. Esta actitud produjo varias rebeliones de grupos exaltados, en las que hubo centenares de miles de muertos.
Los europeos eran demasiado fuertes para poder echarlos por la fuerza, su superioridad técnica hacía inútiles las armas chinas.

Después de la sangrienta rebelión de los boxers, en el año 1900, tuvo que huir disfrazada del palacio imperial, pues su derrota fue total, solo la desconfianza entre los aliados europeos impidió el reparto de China, como había ocurrido en África.

A su regreso, comprendiendo lo inútil de su actitud, dio un cambio radical, pero por desgracia ya era tarde, el momento de hablar había pasado,  y solo pudo aceptar la nueva situación de buen grado, intentado así que la casa imperial fuera respetada. A su muerte en 1908, designó como sucesor suyo al joven Pu Yi, el que sería último emperador de China.