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nº 7 Enero-Febrero 2002
REPORTAJES 
 
En las comunidades terapéuticas el paciente se cura, no le curan
Portal Solidario
Aunque las comunidades terapéuticas para toxicómanos llevan funcionando más de 20 años, hasta ahora no se habían definido indicadores de calidad para aplicar a este recurso asistencial ni en España ni en Europa. Durante tres años, un grupo de expertos europeos de la Federación Europea de Asociaciones Intervenientes en las Toxicomanias (ERIT) ha trabajado para lograr definir y consensuar 120 indicadores de calidad que además han sido validados en más de 100 programas de tratamiento residencial procedentes de 10 países europeos.
Comunidad Terapéutica de Arcos
El director gerente de la Fundación Girasol y coordinador de este grupo de trabajo, Jesús Martín, ha confesado que el trabajo no fue fácil: "Por una parte estaban los aspectos culturales, son distintos en cada país, había conceptos muy claros para unos pero inexplicables para otros. Otro factor a superar era el miedo a ser evaluado o inspeccionado, la tendencia al rellenar cuestionarios es la de exagerar o ponerse a la defensiva, hubo que aclarar varias veces que el espíritu era buscar los criterios ideales y hacia donde hay que tender, no defenderse y comprender como para mejorar es necesario medir y reconocer para saber qué y cuánto mejorar"

Entre 1997 y el 2000 los expertos han analizado la documentación existente en el ámbito nacional, europeo e internacional sobre normativas, sistemas de acreditación y homologación, y sistemas de control y aseguramiento de la calidad. El resultado son los 120 indicadores de calidad que, según Jesús Martín, son verdaderamente útiles para ayudar a la mejora interna de las comunidades terapéuticas.

"De manera inmediata –continúa explicando el coordinador del grupo de trabajo- los indicadores servirán de referencia para centros de tratamiento que quieran tener unas pautas claras de cómo poder mejorar el tratamiento utilizando indicadores reconocidos, también puede servir a modo de auto evaluación y comparar así, en que medida se cumplen o no algunos de ellos y ya han servido para diferentes administraciones a la hora de elaborar criterios para autorizaciones de centros"

Un tratamiento participativo

El concepto de comunidad terapéutica se le atribuye históricamente a Maxwell Jones que en 1953 puso en práctica en el Belmont Hospital, cerca de Londres, la primera unidad de rehabilitación social. Este psiquiatra bautizó a esta nueva forma de tratamiento comunidad terapéutica.

Un grupo de prisioneros de guerra fueron los primeros pacientes de una comunidad terapéutica. Maxwell Jones apostó por un tratamiento netamente participativo y activo de los pacientes a través de la comunicación libre, lo cual contrastaba notablemente con el papel pasivo que hasta entonces se asignaba a los enfermos en este tipo de tratamientos. El objetivo era rehabilitarlos y lograr de nuevo su inserción en la sociedad.

Casi treinta años después de estas primeras experiencias, en 1979, surgen en España las primeras comunidades terapéuticas de profesionales para toxicómanos en respuesta al problema de las drogas. En 1984 nace en Arcos de la Frontera, Cádiz, la Fundación Girasol, una de las primeras ONG de España dedicada a la atención de las adicciones.

Una médico destinado en el centro de salud de Arcos se dio cuenta de la escasa respuesta que se ofrecía al problema de las adicciones y se planteó junto con un grupo de vecinos de esta localidad y su alcalde, ofrecer una respuesta a la problemática existente.

"Se hizo un estudio de las alternativas y respuestas que se ofrecían en todo el territorio español en aquel entonces –explica Jesús Martín- y se optó por crear un recurso de atención y tratamiento en régimen de internamiento". Por aquel entonces, recuerda el gerente de la Fundación Girasol, se optó por ofrecer algo diferente a lo existente, un tratamiento dirigido por personas con vocación, formación y profesionalidad, con un componente de calidez y calidad en todas las actuaciones posibles, donde lo que importa es el paciente y donde el objetivo es rehabilitar y reinsertar en la sociedad a las personas con problemas de drogas.

Frente a otro tipo de recursos asistenciales para toxicómanos la comunidad terapéutica se caracteriza porque el paciente participa en su propio proceso terapéutico y se implica en la gestión cotidiana de la comunidad: "En otros lugares, el paciente va a que le curen, aquí, el paciente se cura así mismo, con la ayuda de profesionales, el objetivo es volver a la sociedad no apartarse", apunta el gerente de la Fundación Girasol.

La Terapia Girasol

Desde su creación, Girasol ha atendido a más de 1.700 pacientes, puede presumir de ser la comunidad terapéutica concertada más demandada de Andalucía. "En nuestra Fundación –explica Jesús- mantenemos que las personas que tienen una adicción están generalmente, en búsqueda, pero han perdido el camino. Las drogas son una solución equivocada no solamente por se destructivas físicamente, pero por pretender ofrecer una solución externa en vez de una interna. De esta manera las adicciones no son solamente un problema, fisiológico, psicológico y social pero también una dificultad espiritual"

A partir de este planteamiento, Girasol está incorporando un factor espiritual en el tratamiento, no lo hace de manera religiosa, sino en el sentido de que la búsqueda interior da significado a la vida.

Al paciente que ingresa se le pide escribir su propia historia y completar un cuestionario donde se le pregunta que es lo que buscan. "Las respuestas son siempre las mismas: paz, seguridad, competencia, auto-estima, coraje, capacidad para encarar el nuevo día, su trabajo, su familia", resume el gerente de Girasol.

Aunque las metas de los pacientes son muy similares "cada persona tiene una historia y una necesidad diferente", asegura Jesús Martín. El método Girasol se concentra en desarrollar una intención positiva para evaluar al paciente como individuo y como instrumentos los profesionales utilizan metáforas, cuentos, relajación, música, poesía, jardinería, deporte y pintura: "Todo se basa en secciones psicoterapéuticas, de uno a uno, dentro del grupo y con la familia. El individuo aprende a contactar con la parte interna esencial que da significado a la existencia".

Aunque, Jesús Martín cree que cualquier persona con problemas de dependencia puede beneficiarse de los tratamientos que se ofrecen en las comunidades terapéuticas, también advierte que al ser procesos de internamiento de entre 6 y 12 meses, si la motivación y necesidad no son fuertes, es difícil mantenerse tanto tiempo en tratamiento: "Las comunidades terapéuticas están indicadas para aquellos drogodependientes que quieran realizar un tratamiento mas intenso y que necesiten durante un tiempo transitorio alejarse para realizar un trabajo interno, con ellos mismos, fortalecerse para volver después a su medio".

No obstante, las estadísticas demuestran que a las comunidades terapéuticas acuden pacientes que han fracasado con otro tipo de tratamientos, como tratamientos ambulatorio, de metadona, desintoxicaciones... además, se han registrado cambios en el perfil de los usuarios de este recurso, apunta el director gerente de la Fundación Girasol, ahora son personas de mayor edad, unos 28 años como media, con una antigüedad en el consumo superior a 8 años, con mayores problemas de salud y se ha detectado un incremento sustancial de pacientes con trastornos psicopatológicos.

Desde 1996 Girasol se ha expandido hacia Iberoamérica creando sedes en Brasil, México y Argentina, donde hoy en día intervienen en el campo de la prevención y asistencia ambulatoria; además, en Brasil a primeros de este nuevo año se va a inaugurar un centro de atención a niños menores de 16 años, donde el problema es muy importante y los medios son muy escasos. "Aún no hemos creado centros en México ni Argentina, pero todo se andará"

Como Jesús Martín, todos los expertos en comunidades terapéuticas apuestan por la validez futura de este recurso asistencial: "Creo que las comunidades terapéuticas seguirán teniendo vigencia en la medida que se vayan adaptando a la nueva situación social, sin perder sus planteamientos de modelo asistencial". Y si se le pregunta por los ingredientes necesarios para que cada tratamiento sea un éxito, no lo duda paciencia, enfoque, conciencia, aceptación, equilibrio, comunicación y acción: "Hace falta duende para lograrlo, cada individuo necesita reconocerlo en su interior, entrando en contacto con lo mejor de sí mismo"

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