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Nº 11 Septiembre - Octubre 2002
EDITORIAL 
  
Verano y soledad
Algunos volvemos ahora de la playa, de las ansiadas vacaciones de verano, atrás dejamos unos días de descanso y libertad. Sin embargo, para muchos, para una gran parte de la sociedad, el periodo estival es un momento de tristeza soledad e incluso abandono. Se trata de tres millones de personas mayores, según datos de la ONG Solidarios para el Desarrollo, que durante los meses de verano están aún más solos.

La soledad es un estado natural para muchos ancianos. Por desgracia, con demasiada asiduidad conocemos un nuevo caso de una persona mayor que ha muerto abandonado en su casa, sin que nadie le atendiera ni socorriera. Este verano varios han sido los casos que han llegado hasta los medios de comunicación. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que más de un millón de españoles de más de 65 años viven solos.

Bien es cierto que existen diferentes recursos sociosanitarios para alejar a los mayores de la soledad y atender a este sector de la sociedad, muchas familias optan por ingresar a sus mayores en residencias donde conviven con otras personas de edad y situaciones similares a las suyas. Indudablemente es una forma de dar esquinazo a la soledad aunque no debería ser una excusa para que las familias olviden a sus abuelos. La residencia es un recurso, pero de ninguna forma puede sustituir a la familia, a sus afectos y su interés. En muchos casos por decisión propia del mayor y en otras por falta de recursos económicos, no se puede recurrir a las residencias y los mayores se quedan en sus casas. En el periodo vacacional que ya estamos dando por finalizado, la falta de recursos para la tercera edad que ya es patente durante todo el año, se agudiza.

Las plazas estivales de residencias se saturan, los servicios de teleasistencia y la ayuda a domicilio no son suficientes para cubrir la creciente demanda. Este ascenso lo provocan los abuelos que durante todo el año viven con sus hijos, nietos o con algún familiar, pero que en vacaciones se quedan solos por muy diferentes causas.

Sin lugar a dudas y atendiendo a la realidad cada mes unas 36.000 personas cumplen 65 años en España y los que superan esta edad ya son uno de cada cinco, es un ritmo de crecimiento nada despreciable. Además, no sólo aumenta el número de ciudadanos con más de 65 años, sino que además la esperanza de vida es cada día más alta lo que supone que el volumen de mayores aumenta en cantidad y en edad.

Este crecimiento no es equiparable al aumento de los recursos de atención a la tercera edad. Es obvio que se impone en nuestra sociedad un cambio de prioridades en las inversiones sociales, pues mientras la natalidad parece estar algo estancada el envejecimiento no deja de avanzar.

Alegrémonos por ello, porque aunque algunos no lo quieran ver es señal de progreso de calidad de vida. La nuestra es una sociedad que no solo nace y crece, sino que envejece con salud y calidad de vida.